puertaquince

viernes, marzo 31, 2006

la reina y el hotel


Pasaba el mes de enero del 2002. Como todas las temporadas altas en los hoteles, debido al verano en el Hemisferio Sur y a la llegada de turistas que pasaban por Santiago de Chile en tránsito después de haber atracado sus barcos o aterrizado sus aviones.

Los de la concerjería del Hotel Hyatt a eso de las 8 de la noche no queríamos más guerra. A esa hora ya se habían ido la inmensa mayoría de norteamicanos que en la tarde del día anterior habían atracado al hotel con mil maletas que nosotros, los bell boys o botones, debimos descargar y despechar a cada una de las habitaciones para luego, al día siguiente, recolectar y volver a subir al bus para que se fueran al aeropuerto.

A las 8 de la noche no queríamos más guerra. Apoyados en el mesón de concerjería escuchamos la campana de la recepcionista de turno, una siuticona cualquiera que por no decir yur atenCHON y pronunciar bien el inglés, ya se creía la última chupada del mate.

Y partí yo a atender el campanazo. Los pasajeros eran tres; una mujer y dos hombres de aspecto sobrio pero distinguido. Uno de mis compañeros acompaño a la mujer y yo fui asignado para acompañar a los hombres.

El hecho que ese mismo día la tonelada de gringos desocuparan la millonada de habitaciones, significó que había mayor disponibilidad para elegir a aquellos huéspedes que entraban ese mismo día.

Cuando entramos los tres a la habitación siguiendo el protocolo rutinario de abrir puertas, mostrar baño, mostrar caja de seguridad, mostrar cama, mostrar vista, sonreir y estirar la mano, veo que las dos camas eran de 1/2 plaza cada una, ridículamente pequeña para tan grandes huéspedes.

Lo también noté mientras subíamos era que posiblemente mis dos pasajeros eran pareja, amantes, amigos con ventaja o en el avión se tomaron unas champagnas de más y se gustaron, la cosa era que había onda entre ellos.

Pido permiso para tomar el teléfono, llamo a recepción para pedir cambio de habitación alegando que la vista era pésima y las camas chistosamente pequeñas, cuando hago una pausa, tapo el micrófono del teléfono y les pregunto en mi mejor inglés, cama matrimonial para los señores?

Inmediatamente la recepcionista empezó a toser, se escuchaba el ruido del computador como si buscara, reconfirmara y requetecontra confirmara algo, mientras ellos se ponían rojos se miraban, transpiraban y no querían entender... la recepcionista eleva su voz y me recalca, "pero si son dos hombres" y le respondo inmediatamente que eso es afirmativo y le pregunto "¿tiene acaso usted algún problema con eso?" y ella alega que no.

Ellos me miraron, sonrieron con complicidad y me dijeron, casi titubeando en un inglés afrancesado, si porfavor.

Cruzamos nuevamente el pasillo, abrí la puerta de su nueva habitación y les deseé una felíz estadía.

la culpa es de la soledad


... mi madre se apoyaba en una esquina de la cama. la televisión estába sin sonido y yo tapado por las sábanas recién cambiadas con el termómetro en la mano, una jarra de limonada y miel al costado y el control perdido en algún rincón de la habitación.

... ella se pone de pie, mira hacia la cordillera en esa tarde de finales de marzo con los últimos rayos de sol, toma aire y dice, si la soledad te hubera dicho que si, serías gay?

... no atiné más que a reirme, ventilé las sábanas nientras el control remoto volaba por los cielos, al mismo tiempo que ella se agachaba para revolver la espesura de la miel en aquella desabrida limonada... la miré y le dije, sólo hubiera retrasado el proceso...

air france mon amour


... muchos nunca entendieron o entenderán o han entendido lo que significa personal de tierra de una compañía aérea. hasta el día de hoy me preguntan: bueno, ¿cuándo volarás a parís de nuevo? y yo les repito, pero si no vuelo, soy el que te recibe las maletas, el que te da la tarjeta de embarque y el que te dice bon voyage... sin embargo continúan sin entender... pero la verdad es que no tienen la culpa los que se confunden y es más, caen en lo correcto a ratos, ya que siempre he querido ser tripulante de cabina y claro está, lo seré, a ratos pienso que ya lo fui en mi otra vida y la imagen que más me acomoda es la de una jefa de cabina de la aerolínea rusa aeroflot cuya ruta favorita era moscow - la habana.

... aterrizando en el día de hoy, 31 de marzo, me despierto y recibo una carta donde se me notifica mi término de contrato y la no renovación del mismo (por decisión propia).
hoy es un día especial y la vida me ha jugado una gran jugarreta, siendo las 09:58 en mi último día, debería yo estar en el counter haciendo el check in para el vuelo 417 buenos aires/paris, pero una amigdalitis de la buena me postró en cama con temperaturas que me quemaron como cual infierno.... mi último día, que sin duda no será el último porque ya asumí que renunciar tres veces y volver tres veces no es por casualidad, entonces me resigno a decir que una etapa se cierra.... ahora acomodaré mi carrera en función de mi deseo de estar junto a los aviones...

hoy es 31 de marzo y se vence mi contrato. me voy felíz porque hice un buen trabajo. atendí regio a las viejitas, a los niños no acompañados, a los exiliados que venían por las vacaciones a ver a sus familias chilenas, quienes los cargaron con mermeladas, botellas de pisco, membrillos, frutas y demases ilícitos y yo muy buen nene les perdoné cantidad de kilos haciéndoles jurar que el próximo año viajaban "con nostros".

bueno, aqui se cierra una etapa y comienza otra y otra y otra.... son las pasiones las que hacen que los ojos se abran en la mañana... son las pasiones las que nos alimentan y nosotros tenemos que alimentarlas a ellas...

bon voyage air france...