puertaquince

viernes, mayo 05, 2006

buenos días señor embajador


a inicios de Abril me contactaron para que entrevistara a un artista chileno que vivía en Brasil y que estaría de paso por Santiago, ya que inauguraría una exposición y daría clases en Artes. lo único que recuerdo de ese momento es que yo estaba ocupadísimo y que atiné a decirle a la secretaria: "pero si la embajada quiere que le haga la entrevista, entonces que me pongan chofer y que me vengan a buscar y a dejar".


con un tono de complicidad, pero a la vez preguntándome con la mirada si acaso estaba yo loco, la secretaria me guiñó un ojo y me dijo que lo haría inmediatamente. pasaron las semanas y a mediados de mes la misma secretaria me dijo: "he recibido un mail de la encargada de prensa de la embajada y la entrevista la hemos fijado para el último jueves de abril. lo vendrán a buscar y el embajador ha propuesto el salón verde para la entrevista".

inmediatamente pensé que mi plan había resultado: me había hecho el interesante y dió resultados.

cuando llegó el día de la cita, para la que me preparé a más no poder, llevé una serie de preguntas de todos los tipos, tanto de la corriente artística que el pintor seguía, hasta datos de su vida privada.

el chofer de la embajada de brasil me pasó a buscar con diez minutos de retraso. un inmenso auto con patente diplomática me esperaba a las afueras del departamento de artes visuales de la universidad de chile. el conductor me preguntó si deseaba sentarme adelante o atrás, inmediatamente dije, sin dudar, que adelante.

me fui todo el trayecto de avenida matta escribiendo en una hoja. me sentía como un embajador al que lo llevaban a una reunión secreta al palacio de la moneda y mientras andábamos por las calles de santiago y al mirar hacia afuera podía sentir que la gente me deseaba un buen día creyendo que era un joven embajador.

llegamos a la embajada que está ubicada en el ex palacio errázuriz. una mansión que no voy a entrar a detallar pero la palabra majestuosa le queda chica.

nos abrió la puerta, después de vernos por el monitor, un mayordomo escolato por un policía, me traladaron, después de bajar del auto, a una oficina donde podía ver a alguien que apresuradamente hacía el aseo. a esas alturas parecía yo pavo real de lo importante que me sentía. finalmente llegamos a una de las oficinas de la parte posterior de la sección cultural de la embajada y cuando cruzo el umbral de la puerta veo a dos personas que ocupaban la oficina: una mucama y una señora que me mira con desprecio y me pregunta "¿que necesitas?" el chofer, que me había llevado hasta ese despacho tosió incómodo y me presentó como el periodista, ante lo cual ella agregó "te adelantaste, quedamos a las 12", alargué mi mano mientras le expliqué que la culpa había sido del auto que me había recogido muy temprano y le dije mi nombre y apellido y la institución que representaba... ella hizo una mueca, la que acompañó con una cara de sorpresa e interrumpida por otra señora, aún mayor que dijo: "pero si pensamos que iba a venir tu padre".

fue ahí cuando comprendí todo. ellos esperaban a mi padre, al que me aclararon, tenían en su base de datos como alguien de altos vínculos con la cultura política chilena.

ya había partido todo mal. para hacerse la simpática, la señora que me recibió me dijo que me agregaría a su base de datos. se puso de perfil a mi y empezó a llenar una planilla de contactos, cuando llegó al punto de mi nombre, me dijo, haciéndose, evidentemente la simpática, entonces pongo y señora, para que vengas con tu polola, a lo que respondí, y señor por favor, para venir con mi pololo.

tosió como si le hubiese dado un ataque, ante lo cual respondió que el computador no tenía esa opción, entonces yo le dije, "bien machista el sistema de ustedes", evidentemente molesto por el mal rato.

finalmente había llegado "el artista" como lo llamaban. me llevaron hasta el hall central donde nos encontramos con el entrevistado quien estaba acompañado por otra señorita a la que asumí como su asesora de prensa designada por la embajada. recorrimos los salones y vimos los cuadros que adornaban el palacio, llegamos finalmente hasta el salón verde y para mi sorpresa, los cuatro tomamos asiento, ante lo cual dije: "no sabía que ibamos a hablar de algo antes", la mujer que me había recibido aquella mañana y la que se había molestado con mi presencia, dijo: "no, no hay nada de qué hablar, pueden empezar".

Inmediatamente dije: "no es posible, yo hago las entrevistas a solas con el entrevistado, no necesito guardaespaldas".

las dos mujeres abandonaron la sala furiosas. terminamos la entrevista y volvió la misma mujer, que preguntó toscamente y con un tono celoso: "¿ya terminaron de hablar sus cosas privadas?"
le dije que si y le pregunté que quién me llevaría de vuelta y ella me respondió, gozando de ese momento, nadie, todos los autos están ocupados.

crucé a pie las puertas que hacía una hora había cruzado sintiéndome un embajador, le pregunté al policía de turno por la dirección del metro y me fui, semi victorioso, hasta mi lugar de trabajo.