puertaquince

jueves, junio 21, 2007

La bola disco o la disco en bolas


Afuera la calle compañía del downtown chilensis con su zumbido diario de día de semana que llega a mi oído izquierdo el que da a la ventana que a su vez da a la calle y que a su vez recibe un viento helado por alguna mínima filtración de aire que se cuela por el frágil vidrio.

Afuera la calle y mi resaca producto del carrete de mitad de semana me recuerda, a través de flachasos, lo ocurrido en la disco anoche. Mis ganas de pasarlo bien y aquellas miradas penetrantes de cola furiosa que se compara en medio de la disco y que muestra sus bíceps, pectorales y pantorrillas orgullosa de su trabajo gimnástico.

Afuera la calle y frente a mí la botella vacía, toda carretiá como yo que estoy respirando mi aliento de puto triste frente al compu de la office, ese aliento que no hace más que recordarme las telas de cebolla que intentaban cubrir los pechos del bailarín coliflor de la tevé que meneaba sus caderas en esa puta disco, igualito como lo hace en el canal de todos a la hora de la once.

¿Soltero o comprometido? me preguntaba la guatona regia de la door de esa disco de mala muerte intentando ponerme una pulsera de colores pa poder entrar a ese lugar donde hasta el amigo se hacía el desentendido pa puro cuartiarse al puto rico de la noche, el que a su vez no miraba ni a la amiga wena onda que lo había acompañado a pasar las penas un día miércoles a las tres de la mañana.

“Viene con cover” decía la guatona torti y simpaticona de la door mientras me ponía una pulsera roja que decía “soltero”, la que me duró menos que un candi porque se la metí en el cuello a una amiga que la terminó tirando lejos porque vio a la girl que le gustaba atracando con otra loca en ese antro de putos abacanoaos.

“Una piscola” le dije al loco wena onda del bar a penas entré. Empinó la botella de capel y me sirvió “el trago nacional”, el que me lo tomé como aguita pa sumergirme en ese antro musculoso de machomenos.

Intenté mover las caderas con las amiguis pero éstas estaban más preocupadas de comadrear que de pescar al amigo cola wena onda que no se hallaba en esa disco.

La piscola me hizo cosquillas porque igual sentí esa discriminación cola por no inflar mi ego a su máxima expresión, pero no me importó, porque la guatona torti de la door me dio un dulce con forma de boca, diciéndome, con su mirada “chúpate este loli”.